Rememorando el primer viaje al Infierno. Nordschleife 2010

TheBox85 tiene el placer de invitaros a disfrutar de un viaje en su máquina del tiempo: nos vamos a transladar hasta el verano del año 2010. Parando el reloj justo antes del inicio de nuestra primera visita a un lugar de peregrinación para todo loco del automovilismo: Nürburgring Nordschleife, el Infierno Verde.

Aunque he estado en tres ocasiones más, la primera visita al Templo, se queda marcada en tu memoria: cada detalle, cada segundo vivido allí; todo lo recuerdas como si acabase de ocurrir.

Todo comenzó al ver un vídeo en YouTube, algo así como "las mayores tortas en el Infierno". Llevaba años queriendo ir, pero ese momento fue el que me decantó para organizar el viaje. Todo muy rápido, casi de manera precipitada. Nordschleife me había "picado". Y cuando éste circuito te muerde... pasas a estar completamente perdido.

Hoy día, prácticamente todo el mundo ha oído hablar de éste peligroso y mítico circuito, apodado como “El Infierno Verde” por uno de los grandes de F1: D.Jackie Stewart. El circuito es diferente a todos los demás; lo es por su asfalto (nada abrasivo en comparación con el Jarama), por su falta de escapatorias, porque los pianos son auténticos bordillos, por su longitud, por las más de 170 curvas y, sobre todo, por su historia.

Pilotos como Juan Manuel Fangio, Tazio Nuvolari y Bernd Rosemeyer han conseguido domar el circuito y proclamarse en él campeones. Otros como Niki Lauda, corrieron con peor suerte, ya conocemos todos el gravísimo accidente que tuvo el austriaco.

Lo bonito de éste circuito es que cualquier persona puede hacer y crear su propia historia en él. Y yo quería mi capítulo. Aquí comienza el relato de mi pequeña aventura:

Y ésta no lo hacía de la mejor manera. ¿Sabéis lo malo de que una ciudad tenga dos aeropuertos? Pues que aterrices en uno y la reserva de tu coche esté en el otro —menos mal que la entrega (al final del viaje) pude cambiarla—. Sí, se perfectamente lo que estáis pensando, pero bueno, así le añadía un poco de emoción al viaje (como si no tuviera ya de por si). El trayecto por los alrededores de Frankfurt de un aeropuerto a otro, más la diferencia de distancia respecto al circuito me hizo llegar a Nürburg unas tres horas más tarde de lo que tenía calculado.

Llegué a los mandos de un BMW 116i, que tenía apenas 1500 km de uso, faros de xenón, tapicería de cuero, techo solar, navegador... para el año 2010 aquel coche era una pasada. Y yo así lo sentía, salvo por ese motor atmosférico que se iba a encargar de beberse todo mi presupuesto inicial, yo contraté un BMW pero con motor Diesel.

En los alrededores de Nürburg, todo huele a gasolina. El pueblo es pequeño y lo preside su característico castillo. En él hay una pizzeria de obligada parada y varias empresas de alquiler de coches, hoteles, hotelitos y un Casino con el parking completo de “cochecitos”.

Estaba un poco perdido, no tenía ni idea de dónde estaba la entrada, hasta que llegué a la gasolinera más conocida del mundo —que es otra parada obligatoria por el merchandising y por la tienda de maquetas que hay en su interior—. En ella paran a repostar la mayoría de coches y podéis ver allí, auténticas concentraciones. Dejé salir a un Ferrari F480 con la intención de que me llevase a la entrada; ¡no podía haber mejor guía!

A la llegada al parking, en tu mente hay una representación: sabéis esa imagen típica de películas y dibujos, cuando has sido bueno y te abren las puertas del "cielo"; pues tenía esa misma sensación. Desperté (menos mal) y seguí al cavalinho hasta el aparcamiento de la izquierda (hay que pasar por él para entrar al circuito). Aparqué junto a un 130i Coupé ("ese sí mola").

Dejé mi cochecillo y me puse como loco a dar vueltas por el aparcamiento (hay otro a la derecha, según entras al recinto). Era increíble porque fue la primera vez que vi un Wiesmann GT MF5, un Lambo Gallardo Superleggera, un Mercedes-Benz SLS AMG o un Lexus LFA. Éste último llegaba escoltado por el Nissan GT-R de seguridad y entró directamente al circuito, a puerta cerrada —unas semanas después, me enteré que estaban grabando/fotografiando a estos coches para una comparativa de una revista alemana—.

Después de un vistazo a la historia del Porsche 911 (había varios modelos de diferentes épocas), llegó el momento que había esperado muchos años: enfrentarme a esos 22 kilómetros y más de 170 curvas. Compré el “Cardpass” —en aquel entonces: 4 vueltas por 77€—. Leí las normas de circulación del circuito (si vienen rápido, ponte a la derecha), me apunté el número de emergencia y saludé a mi madre por la webcam del circuito (imagen, soy la manchita blanca que hay al fondo).

Acto seguido entré y pulsé el botón Start de mi BMW. Pasé un par de minutos en él, parado, con el motor en marcha, quería que estuviera todo en su temperatura óptima. Mientras sentía como la tensión y los nervios se iban apoderando de mi. Creo que podía hacerme ligeramente una idea de lo que un piloto podía sentir antes de salir a pista. Todo estaba listo. Una buena mezcla para pasarlo bien: coche atmosférico, tracción trasera, ruedas en perfecto estado (con sólo 1500 km) y un piloto inexperto.

Parecía una locura cuando empecé a planificar todo, y allí estaba: poniendo el Cardpass en el lector para que se levantara la barrera y el "semáforo" se pusiera en verde. Tras una "chicanne" de conos, pisé a fondo, justo al final de recta, antes de pasar por "el cartel de salida" y encender el crono para marcar la vuelta del aficionado. Justo después, te enfrentas a la primera curva a izquierdas, inevitable gritar de la emoción!!!

"Pilotas" con seguridad y con una parte de temor. Vas con un coche que desconoces, con unas ruedas de invierno, la primera vez en un circuito y encima, casi sin saberte el trazado —en el 2010 ni había tantos simuladores, ni vídeos en YouTube—. Poco a poco me fui familiarizando con el entorno, curvas ciegas, grandes frenadas… el primero en adelantarme fue un Lotus Elise (no recuerdo si alguna versión más radical). El caso es que me puse a intentar seguirle, justo en la baja del "tobogán". Jamás podré olvidar la sensación de completo mareo que sentí en ese brusco cambio de rasante: el tobogán no desemboca en un llano, lo hace directamente en una subida a izquierdas. La fuerza G, por poca que fuera, pudo con mi cabeza, ligero mareo, tensión por las nubes, "ésto es una auténtica locura. Adiós Lotus."

La verdad, aquella sensación me acongojó un poco y bajé mi ritmo, me relajé. Recuerdo admirar la belleza del paisaje justo en la zona de Adenau y como el bosque se abría ante mí hasta llegar a uno de los momentos que llevas esperando "toda tu vida". Iba a pasar por una de las curvas más famosas del planeta: el “Karussell”. Ésta curva peraltada y bacheada, lo único que quiere hacer contigo es escupirte. Sientes una mezcla de gozo y preocupación, el coche tiembla, las ruedas chirrían y tú, vuelves a gritar.

Después de atravesar nuevamente el bosque llegamos a una curva, que con el tiempo, se ha convertido en una de las tres más conocidas por el público. Se trata de “Eschbach”. Y su popularidad se debe a que es la curva más accesible del circuito: está justo en la carretera que lleva a Nürburg y además cuenta con una gran explanada para aparcar. Pasar por ésta curva crea un efecto de "pequeña euforia", ya que aunque sea un día de diario, siempre están las gradas llenas de aficionados. Vuelves a sentirte más piloto de lo que en realidad eres. Aunque la euforia siempre puede acarrear problemas, lleno está internet de accidentes en éste tramo.

El último sector del circuito es muy rápido, curvas abiertas, un par de grandes desniveles y la recta de meta. En ella ocurren tres cosas:

  • paras el tiempo del crono, justo debajo del puente que suele estar con publicidad de Audi.
  • es el punto donde podemos llegar a alcanzar la mayor velocidad máxima.
  • es el momento donde se produce el bajón, pues a mitad de recta está la salida hacia el parking.

Mi segunda vuelta fue mejor en cuanto al reto personal contra el crono: bajé el tiempo algo menos de dos minutos y lo situé entorno a los diez (ahora mismo no recuerdo exactamente el tiempo). Empezaban a caer las primeras gotas de lluvia y quería dar la tercera vuelta, pero al bajar la ventanilla, me di cuenta de que mi BMW olía a quemado, tocaba hacer una parada en "box". Estaba seguro de que podía seguir mejorando mi tiempo, y eso que aquellos malditos neumáticos de invierno no agarraban y que el ESP no me deje en paz.

Mientras dejaba que se enfriara el coche, se me encendió la bombilla: "si tengo ruedas de invierno, en agua tendrán que ir de maravilla". Así que con toda mi ingenua ilusión, me metí a pista lloviendo, por momentos de manera intensa. La vuelta se me hizo bastante larga, pasaban los kilómetros, las curvas, pero la emoción no cesaba y el riesgo aumentaba, aquellas ruedas iban peor que antes. Las alarmas se dispararon!!. "Me he confiado", y eso casi me cuesta una buena piña contra las medidas de protección, vamos que entre mi retrovisor izquierdo y éstas, apenas entraba una mano.

Por eso éste circuito es el Infierno, porque no hay tiempo para las confianzas. La segunda mitad del circuito me lo tomé con muchísima calma (normal), y más, después de ver un Porsche 911 estrellado o un Vectra preparado trompeando delante de mis narices. Regresé al aparcamiento deseando que cesara la lluvia.

La cuarta y última vuelta, me dejó un sabor especial. En aquel entonces, para mi era imposible memorizar el trazado, sólo lo había visto unas veces antes de ir —ahora con los simuladores y las miles de vueltas dadas en ellos, además de los múltiples vídeos que hay en internet, "ya me lo conozco"—. Pero aún sabiendo que no lo conocía entero, en aquella cuarta vuelta, todo me resultaba ya familiar. Recordaba poco a poco qué había detrás de cada punto ciego, dónde solía hacerlo mal, estaba más a gusto que nunca, aunque el pavimento aún estaba húmedo. En aquel momento tome la acertada decisión de no ir a batir mi tiempo (y eso que soy competitivo hasta para beber un vaso de agua), tocaba disfrutar de cada metro de aquel circuito mítico, en aquella última vuelta. Nunca sabes cuándo tendrás la suerte de volver. La última curva la pasas a tope, saboreando lo que ha sido un día inolvidable.

Terminas, vuelves a aparcar tu modesto BMW entre tanto "aparato". Un par de fotos más, una conversación con un argentino que estrenaba su Camaro, y vuelta a la carretera. Mi viaje no hacía más que comenzar, el Infierno Verde fue mi primera parada. Dejé rápidamente la región de Eiffel para llegar a Stuttgart donde pasaría la primera noche en un hotel cercano a la fábrica y museo de Porsche. Visita obligada a la mañana siguiente junto al Mercedes-Benz Museum.

De Stuttgart me dirigí a Münich, nuevo destino en el que pernoctar y lugar en el que me esperaba un pequeño y coqueto museo de BMW. Me quedé con saber agridulce pues llegué apenas una hora antes del cierre y no pude pararme en cada modelo como me hubiese gustado.

Mi último día de viaje, el día de regreso a Madrid desde el aeropuerto de Fráncfort; comenzaba previamente con una parada en Ingolstadt para ver el museo de Audi. Pronto os contaré ésta parte del viaje con sus respectivas galerías.

Si tuviera que hacer aquel viaje hoy, no lo programaría así. Demasiadas cosas me dejé sin ver en aquel primer encuentro con el Ring; todo muy rápido y programado al minuto. Prácticamente solo vi la entrada al circuito, y la zona tiene muchas cosas para ver.

Un año más tarde repetí el viaje con amigos haciendo ya noche en Nürburg. En el año 2012 realicé mi tercera visita al circuito, tal vez, la más especial de todas porque lo hice viajando con mi propio coche y en un viaje que pasó previamente por Maranello. Espero una quinta visita a la región, con tiempo de sobra para saborear, de verdad, todo el ambiente que hay alrededor de Nürburgring.

Me despido después de narrar aquella aventura de 2010 con mi cuarto de siglo recién estrenado, en el que cumplía un sueño: pilotar en el Infierno Verde. Aquel año también estrenaba cámara, mi primera réflex (podemos decir que aquí empezó todo). La verdad es que la calidad de las fotos dista mucho con la que podemos encontrar hoy día, pero oye, que nos quiten lo bailado!!

Os dejo las fotos que he podido rescatar de aquel primer encuentro con Norschleife en 2010 y que están colgadas en mi viejo perfil de Flickr:

Nordschleife 2010

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Un saludo!

0 Comments

  1. […] viajes en el tiempo. En ésta ocasión, no lo haremos tan lejos (nuestro primer viaje fue al 2010, aquí podéis leerlo). Nos vamos a quedar en el mes de abril del 2006. Había oído hablar de los chicos de 8000vueltas, […]

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